Poema 11

¿Por qué te vas?
Si la historia era eterna, si la vida acababa contigo.
Lo prometimos en el ocaso de un sol interminable.

¿Por qué no estás?
Si mis labios secos esperan saliva de tus besos…
Se marchitan las flores de mi boca, infértil en tu añoro.

¿Por qué no vuelves?
Mi corazón eterno, es eterno contigo.
La sangre bombea, por lo surcos de tu espalda, tal sudor apasionado.

¿Por qué no te veo?
Mis ojos lloran, nublando aún más nuestra distancia…
¡Paradoja maldita! Si hasta con ojos cerrados de sueño pareces más cercana.

¿Por qué mis manos están vacías?
Tus hombros ya no son míos, tu suave piel de blanco…
Tus detalles de princesa, tu cintura de inocente.

¡Por qué! ¡maldita sea!
Si te quedabas conmigo en noches de vela provechosa.
Si te amo como nunca, como si besándome estuvieras.

¿Por qué?, si me amaste…
¿Aún no quedan sobras para calmar la angustia?
¿No hay una migaja que seque el hambre de tenerte?

¿Por qué no hay pasión?
Humíllame, sólo por la tranquilidad de un beso bendito…
Me arrodillo por una lágrima tuya, compartiendo mi destino.

¡Mátame, con tus manos!
Para que sean tus ojos mi último reflejo…
Para que tú seas quién asesine el tormento de esta muerte.

¿Por qué parezco loco?
Pensando en un futuro de pincel pintado…
Si los atriles eran un mundo, si las pinturas me bañaban en tu amor

¿Por qué soy iluso?
Soñando de futuro revuelto junto a ti…
Mezclando escenas repentinas, mezclando escenas duraderas.

¿Por qué sólo lo sueño?
Si fuiste más real que el mismo cielo…
Si te veo en estas letras, vestida de papel, de tinta, de poesía…

¿Por qué no lo asumo?
Si tal vez yo soy culpable de estos gritos.
Si mi voz se quiebra por mis golpes, por mi caídas, mis temores.

¿Por qué no tengo tu cuerpo?
Si lo juramos en la colisión de nuestros torsos…
Si los entregamos en la ofrenda de un amor que nacía.

¿Por qué no tengo respuestas?
¿Si tú siempre fuiste la respuesta a los quebrantos de mi vida?

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